¡Qué no te engañen! No todo lo que escuchamos sobre remedios caseros, tratamientos que blanquean los dientes en casa o dentífricos milagrosos es verdad. Lo más inteligente es acudir siempre a un profesional que puede aconsejarte desde el punto de vista médico aquello que será mejor para tu salud.
El peligro de los blanqueadores dentales caseros
Si buscas mitos sobre la salud dental, el blanqueamiento dental ocupa el primer puesto. En plena era de filtros de perfección inmediata, es fácil caer en la trampa de soluciones «mágicas» que prometen sonrisas de porcelana por pocos euros. Pero cuidado: la ciencia no ha cambiado, y estos errores siguen pasando factura.
- El mito del bicarbonato: es el remedio casero más antiguo y, desgraciadamente, el más persistente. La leyenda popular dice que el bicarbonato es el mejor blanqueador natural, pero la realidad es otra: es una sustancia altamente invasiva. Utilizarlo es, literalmente, como pasar una lija sobre tu dentadura. Utilizar el bicarbonato sobre los dientes hace que se erosione el esmalte y produce el efecto contrario al deseado, y puede provocar una sensibilidad dental crónica que, en ocasiones, es irreversible.
- La moda de las fresas: Seguro que has visto recetas de «pastas de dientes naturales» a base de fresas machacadas. El argumento suele ser su contenido en xilitol, un polialcohol que las bacterias no pueden metabolizar y que ayuda a frenar la placa. Pero hay una trampa: las fresas contienen ácido cítrico y ácido málico. Este ácido debilita el esmalte de tus dientes. Las fresas mejor dejarla para el postre, y tus dientes dejarlos para el dentista.
- Kits de luz LED: cuántos anuncios hemos visto publicitando este kit «milagroso» para usar en casa…La realidad es que la mayoría de los productos vendidos sin supervisión médica tienen un efecto casi nulo, o tan mal regulada que pueden causarte quemaduras en las encías. Si un tratamiento dental es «barato, rápido y sin dentista», lo más probable es que el precio real lo pagues con la salud de tu boca.
El mito de «Si no me duele la boca, no voy a ir al dentista»
Creer que la ausencia de dolor equivale a una salud perfecta es, probablemente, la mentira sobre la salud dental más peligrosa.
El gran problema de la boca es que los problemas graves no suelen avisar con dolor al principio. Por ejemplo, una caries pequeña no duele nada mientras está en la capa exterior del diente. Sin embargo, en cuanto atraviesa esa coraza y llega a la parte blanda del diente, todo va mucho más rápido. Si esperas a notar ese ‘latido’ molesto o un pinchazo al beber algo frío, lo más seguro es que la infección ya haya llegado al nervio.
Por eso, acudir periódicamente a revisión permite detectar cualquier anomalía mediante radiografías o limpiezas profesionales.
El mito de las encías que sangran «porque es normal»
Muchas personas ven algo de sangre al cepillarse o al usar el hilo dental y piensan: «Es que tengo las encías sensibles» o «Es que me he dado muy fuerte con el cepillo».
Error. La realidad es mucho más clara: una encía sana jamás sangra.
Si te sangrara un ojo o una oreja al lavarte, correrías a urgencias, ¿verdad? Con la boca debería ser igual. El sangrado es la forma que tiene tu cuerpo de decirte que hay una infección.
Si no ponemos remedio a este sangrado, la gingivitis puede avanzar hacia algo mucho peor: la periodontitis. Aquí, la infección ya no solo está en la encía, sino que empieza a comerse el hueso que sujeta tus dientes. Lo más traicionero es que, de nuevo, esto no suele doler. Puedes estar perdiendo el soporte de tus dientes sin darte cuenta hasta que es demasiado tarde
Confía solo en tu dentista y en tu odontólogo
No pongas tu sonrisa en manos de alguien que no conoce tu historial clínico. Si tienes dudas, sangrado o simplemente quieres mejorar tu estética, pide cita con un profesional. Tu dentista u odontólogo es el único que tiene la tecnología y el conocimiento para decirte qué es real y qué funciona realmente.
